ADVERTENCIA
El aprecio de Martí como pensador no es ya
patrimonio exclusivo de algunos países de habla española, sino que, a los cien años de
su muerte, forma parte del acervo cultural del mundo. Le ha ganado la fama no sólo el
acierto de sus reflexiones, o el arte único de su expresión, por lo que se encuentra
entre los primeros escritores de lengua española, sino también comprobar lo cerca que en
él estuvo la doctrina del comportamiento. Así su figura se levanta sobre la de casi
todos los grandes pensadores de la humanidad.
No fue ciego el saber de Martí ante su propio mérito. A pesar de la modestia se le
escapó en algunos escritos la conciencia de su genio, y de la estima que el mismo habría
de merecer. Agobiado en cierta ocasión por la soledad en que vivía, producto de la
pobreza, comentó en sus versos: "... ¡No me importa!/Esta vida es triste y corta,/E
irán luego/Cual gente friolenta al fuego,/Luego que el mío sucumba,/A visitarme a mi
tumba..." ; y en otra oportunidad advirtió: "...Viva yo en modestia
oscura;/Muera en silencio y pobreza;/ ¡Que ya verán mi cabeza/Por sobre mi
sepultura!" Y adivinando también la admiración que lograría su arte junto al
programa, predijo: "Mi verso crecerá: bajo la yerba/Yo también creceré..."
Camino a la guerra de Cuba, en carta a su discípulo Gonzalo de Quesada, Martí le
pidió, caso de morir en ella, que ordenara su obra además de hacer una recopilación de
sus pensamientos; éstas fueron sus palabras: "De lo que podría componerse una
especie de 'Espíritu', como decían antes de esta clase de libros, sería de las salidas
más pintorescas y jugosas que usted pudiera encontrar en mis artículos
ocasionales..." Ocupado Quesada en la publicación de las Obras Completas de
su maestro, no tuvo tiempo de preparar dicha antología. Otros, con mayor o menor fortuna,
la hicieron luego, y este Ideario no pretende más que sumarse al noble esfuerzo de
los que han dado a conocer entera su doctrina, y reducir el de los que le esconden o
falsifican parte de ella.
El día anterior a su muerte Martí le escribió a Manuel Mercado, su amigo mexicano,
sobre los peligros que acechaban a Cuba: el militarismo de algunos de sus compatriotas, la
soberbia de los gobernantes de España y el empuje imperialista de los Estados Unidos; y
le dijo, también en adivinación: "Sé desaparecer, pero no desaparecería mi
pensamiento". Ha de entenderse ahí la palabra pensamiento como la suma de sus
ideas y doctrinas, resultado de sopesar la realidad para encontrarle sentido, y poder así
ofrecerlas, con el aval de su ejemplo, de guía para la inteligencia y la conducta.
Ni en los momentos menos propicios para la reflexión, desechó Martí la oportunidad
de enseñar: sobre el político, el revolucionario y el artista descuella el maestro. Por
eso están sus escritos cuajados de máximas, consejos, sentencias, aforismos y avisos,
siempre con el adorno del más brillante estilo, y con la mayor claridad, para facilitar
su comprensión y su recuerdo. Son esos fragmentos de sus escritos la materia de este Ideario,
sus "salidas más pintorescas y jugosas", como las llamó, los cuales deben
inducir al lector al conocimiento y al disfrute de la totalidad de su obra. |