Los artistas
El amor a la vida que caracteriza al cubano
aparece, entre otras manifestaciones, en su pintura. Desde finales de
los años 30, cuando los pintores comenzaron a crear una escuela
nacional, la crítica norteamericana descubrió en ella su forma única
de manejar el color. En 1937 Daniel Serra Badué (1914) realizó
exposiciones en Pittsburgh, Chicago y Washington, y en 1938 ganó la
beca Guggenheim para estudiar pintura al fresco. En una exposición de
1944, en el Museo de Arte Moderno, de Nueva York, titulada “Modern
Cuban Painters", se concluyó que aquella pintura estaba “ebria
de color". Dijo un crítico: “La alegría incontrolada del
colorido es lo que más distingue a estos pintores como escuela. Lo
particular, lo accesorio y lo trágico tienen en sus obras menor
importancia. Pero debemos estar agradecidos por esa exuberancia atrevida
y alegre, por ese candoroso amor a la vida que muestran los pintores
cubanos, mayor, quizás, que cualquiera otra escuela". No es difícil
entender este juicio por las obras que allí se exhibieron; entre otras,
“El rapto de las mulatas", de Carlos Enríquez (1901-1957), que
había estudiado en la Academy of Fine Arts de Pennsylvania; “Los
cortadores de caña", de Mario Carreño (1913) y “Las
hermanas", de Amelia Peláez (1897-1968), ambos procedentes de la
Art Students League de Nueva York; “María Luisa Gómez Mena", de
Cundo Bermúdez (1914); y “La casa de las carolinas", de Felipe
Orlando (1911).Ya por aquellos años las principales galerías de San
Francisco, Washington y Nueva York estaban interesadas en la pintura
cubana, y los museos, en ésas y en otras ciudades (Baltimore, Chicago y
Brooklyn) adquirían cuadros cubanos para sus colecciones. Hacia 1950 el
Museo de Arte Moderno, de Nueva York, hizo una selección de los más
grandes pintores contemporáneos, para una exposición en París, y se
escogió “La Jungla", de Wilfredo Lam (1901-1983),
a quien Picasso consideraba, después de Miró, el mejor pintor
de este siglo. Lam fue más tarde Artist-in-Residence en el Art
Institute de Chicago, y miembro de la Graham Foundation for Advanced
Studies in Fine Arts. De esta manera, el barroco cubano, la luz
transformada en color, adquirió prestigio universal. Las
artes visuales de Cuba lograron un gran impulso con la ayuda de
su mejor mecenas, Oscar B. Cintas (1887-1957), que había sido educado
en Harvard Uníversity y luego hizo fortuna en Cuba. A su muerte dejó
gran parte de sus bienes para ayudar a los artistas cubanos residentes
en los Estados Unidos (además de los
pintores, a los escritores, músicos y arquitectos). La Oscar B.Cintas
Foundation, que ya ha dado más de 250 becas, está administrada por el
Institute for International Education, en Nueva York.

WIFREDO
LAM, en 1939 expuso sus pinturas con las de Picasso en la
galería Perls, de Nueva York.- AMELIA PELAEZ, en 1940 amplió
en el Estado de California sus estudios de la Art Students
League, de Nueva York.- Portada del boletín que presentó a
los pintores cubanos en el Museo de Arte Moderno.- CARLOS
ENRIQUEZ, inició sus estudios en Trenton, N.J., y residió en
el Greenwich Village, de Nueva York.- MARIO CARREÑO, vivió
en tos Estados Unidos al comenzar la II Guerra Mundial, y sus
cuadros se encuentran en los museos de Nueva York, Boston, San
Francisco y Brooklyn, entre otros.
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Los
pintores que trabajaron en este país, o que de alguna manera tuvieron
relación con él, sentaron un precedente sobre la capacidad creativa
del cubano. En distintas ramas del arte otros, también antes de 1959,
contribuyeron a esa imagen: Jorge Bolet (1914) había estudiado piano y
dado conciertos en Cuba cuando muy joven ingresó en el Curtis
Institute, de Filadelfia, allí, bajo la dirección de David Sapperton
perfeccionó su técnica, por la que se le considera uno de los mejores
intérpretes de Franz Liszt. Desi Arnaz (1917-1986) llegó a Miami con
su padre, un exiliado político, cuando tenía quince años; allí
estudió y comenzó su carrera de músico, bailarín y actor cómico,
que siguió luego en Nueva York y Hollywood. Durante la Segunda Guerra
Mundial estuvo en el ejército, además de participar con otros artistas
en giras para entretener a los soldados. Su programa por televisión,
“I Love Lucy", el primero que se transmitió “en vivo” ante
un público, hizo popular el carácter ligero de ciertos cubanos, y en
1952 estableció un record de más de 30 millones de personas que todas
las semanas veían en sus casas dicho programa. Alicia Alonso (1920)
vino a los Estados Unidos, también muy joven, a perfeccionar sus
estudios de baile. Ingresó en la School of American Ballet, en Nueva
York, y en 1943 triunfó en la Metropolitan Opera House con su
interpretación de “Giselle”; partir de entonces, siendo primera
bailarina del American Ballet Theatre, alternó temporadas entre Cuba y
otros países, y en 1948 fundó su escuela de baile en La Habana.
Los atletas
También en los deportes lograron los cubanos
posiciones de relieve en los Estados Unidos. Muy temprano en la isla se
había desarrollado una tradición deportiva. Antes de que la República
cumpliera 30 años ya contaban con un campeón mundial de ajedrez, José
Raúl Capablanca (1888-1942); uno en esgrima Ramón Fonst (1883-1959); y
dos en billar: Alfredo de Oro y Raimundo (Mundito) de Campanioni; un
pitcher campeón en las Grandes Ligas, en 1923 y 1925, Adolfo (Dolph)
Luque (1890-1957); y un campeón mundial de boxeo, de Peso Pluma, Kid
Chocolate (1910).
Habían
llevado el béisbol a Cuba los jóvenes que estudiaban en las escuelas y
las universidades norteamericanas. Ya en 1878 se celebraban en La Habana
contiendas profesionales, pero los españoles prohibieron la pelota
porque alegaban que servía para conspirar. Fue entonces, con la
independencia, que el béisbol logró mayor importancia produciendo
grandes jugadores. Luque, como pitcher de los Cincinnati Reds, fue de
los primeros en abrir el camino a los cubanos que luego se destacaron en
las Grandes Ligas. También notables pioneros fueron Miguel Angel (Mike)
González (1892-1977), principalmente del St. Louis, entre 1912 y 1932,
considerado uno de los mejores catchers del béisbol profesional de su
época; y Martín Dihigo (1907-1971) cuyo nombre está desde 1977 en el
Cooperstown Hall of Fame. Otros buenos jugadores vinieron después,
entre ellos: Conrado Marrero (1915), Napoleón Reyes (1919), Orestes
(Minnie) Miñoso (1922), Edmundo Amorós (1932), y Camilo Pascual
(1934).

JOSE
RAUL CAPABLANCA, a los 18 años venció en Nueva York al campeón
norteamericano de ajedrez, y en 1911 ganó el campeonato
mundial.- RAMON FONST, campeón de esgrima; a los once años
ya era conocido en las competencias internacionales. KID
CHOCOLATE (Eligio Sardiñas), en 1931, en Filadelfia al ganar
el campeonato de pesos ligeros.- RAIMUNDO DE CAMPANIONI
(Mundito), cuando fue invitado por la National Billiard
Association, de Chicago, a visitar los Estados Unidos.
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ADOLFO
LUQUE, el primer cubano que llegó a jugar en una Serie
Mundial. - MIGUEL ANGEL GONZALEZ, cuando empezaba su carrera
como catcher de los Gigantes de Nueva York.- Cuatro cubanos en
los Senadores del Washington: FERMIN GUERRA, SANDALIO
CONSUEGRA, CONRADO MARRERO y JULIO MORENO.- ORESTES MIÑOSO,
de los Chicago White Sox; a fines de los años 50 era uno de
los mejores bateadores de las Grandes Ligas.
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Kid Chocolate fue uno de los grandes del boxeo
norteamericano. “El bombón cubano", como lo llamaban aquí, era
tan admirado por los fanáticos que estableció récords de ganancias en
los años 30: como campeón, produjo al Madison Square Garden, en diez
peleas, un millón de dólares, lo que era una cantidad fabulosa en esa
época. Cuando Chocolate se retiró, en 1938, fue nombrado primer
instructor de la Academia Nacional de Boxeo, en La Habana. Los pasos de
Kid Chocolate los siguió, años más tarde, otro gran boxeador negro,
Kid Gavilán (1926). “The Cuban Hawk", que ganó el campeonato
welterweight en 1949, se hizo famoso por su “bolo punch” y porque en
sus 143 peleas como profesional nunca recibió un K.O. Ambos están en
el Boxing Hall of Fame de este país: Kid Chocolate desde 1959, y Gavilán
desde 1966.
La
música cubana
Además
de por su historia y por sus costumbres, un pueblo se conoce por su música.
Ninguna otra manifestación artística del cubano ha influido tanto, y
por tanto tiempo, en este país, como su música popular. Aunque en
todas partes del mundo gusta la música cubana, quizás son los Estados
Unidos donde ha recibido más grandes y continuadas muestras de aprecio.
Desde hace tiempo comenzó a cautivar a los norteamericanos. En 1917
debutó en el Aeolian Hall, de New York, el compositor y pianista
Ernesto Lecuona (1896-1963). En ésa y en sucesivas temporadas, este músico
que admiraron Paderewsky, Ravel y Rubinstein, dio a conocer su
repertorio que incluía, entre otras canciones, “Siboney”, que luego
grabó su compatriota Rita Montaner (1900-1958) cuando recorría lo
Estados Unidos con los Schubert’s Follies. “Para Vigo me voy",
también de Lecuona, se tradujo con el título de “Say sí sí",
y se bailó mucho desde los año 30. En aquella época ya era muy
gustada la música cubana, y vinieron de Cuba orquestas y conjuntos que
aún divulgaron más los ritmos de la isla. De época son “El
Manisero” --grabado en Nueva York, y popularizado en todo mundo por la
voz de Rita Montaner-- que influyó en varias composiciones musicales, y
“Marta", también de Moisés Simons (1889-1945), canción que dio
a conocer el tenor Beniamino Gigli, y que en distintos arreglos
repitieron muchas orquestas norteamericanas.
La música popular influyó
asimismo en los compositores clásicos de Estados Unidos: lo mismo que
Darius Milhaud incluyó temas y ritmos del danzón “Triunfadores", de
Antonio María Romeu (1876-1955) en sus "Saudades do Brazil",
George Gershwin llevó el son “Échale salsita", de Ignacio
Piñeiro (1888-1969) a su “Cuban Overture", y Aaron Copland el danzón
“Almendra", de Abelardo Valdés (1911-1958), a su “Danzón
Cubano". Por su parte los compositores clásicos cubanos lograron
el favor de los grupos musicales y editores este país: las obras de
Amadeo Roldán (1900-1939) formaron parte del repertorio, entre otras
orquestas, de la sinfónica de Cleveland, y sus “Motivos de Son”
fueron publicados con sus “Piezas infantiles” por editores de Nueva
York; y las de Alejandro García Caturla (1906-1940) fueron aún más
conocidas por el interés en ellas de Edgar Varèse y haberlas publicado
la Pan-American Association of Composers.

JORGE
BOLET inició su carrera de mayores triunfos en 1938, en el
Town Hall, de Nueva York.- ALICIA ALONSO, en “Giselle,”
con el Ballet Theatre de Nueva York en 1943.- DESI ARNAZ, en
Hollywood, con otros músicos cubanos, en una transmisión de
la CBS dedicada a Cuba.- RITA MONTANER, en 1957, un año antes
de su muerte.
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IGNACIO
CERVANTES (al centro, arriba), primer embajador de la música
cubana: representó a su país en la exposición de
Charleston, en 1902.- ERNESTO LECUONA, en el año de su primer
viaje por los Estados Unidos.- ANTONIO MARIA ROMEU, con sus
discos y sus viajes, ayudó a difundir entre los
norteamericanos la música cubana. GONZALO ROIG, autor de la
zarzuela “Cecilia Valdés,” dirigió varias orquestas en
los Estados Unidos.- OSVALDO FARRES, algunas de sus canciones
fueron tema para películas en Hollywood.- DAMASO PEREZ
PRADO, el “Rey del Mambo,” logró la fusión del jazz, la
orquestación americana y los ritmos cubanos.
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Hacia 1950 la música popular
cubana formaba parte del repertorio de grandes orquestas e intérpretes
norteamericanos: Glenn Miller, Artie Shaw, Nat King Cole, Jimmy Dorsey y
Cab Calloway, entre otros, y el público pedía canciones de Cuba en
arreglos especiales. Como resultado de esta demanda se tocaban con
frecuencia: “Quiéreme mucho” (“Yours”), de Gonzalo Roig
(1890-1977);”Aquellos ojos verdes” (“Green Eyes”), de Nilo Meléndez
(1916); “No te importe saber” (“Let me love you tonight”), de
René Touzet (1915); “Acércate más", (“Come closer to
me”), de Osvaldo Farrés (1902-1985), y las interpretaciones de
Miguelito Valdés (1916-1978) en “Babalú", de Chano (Luciano)
Pozo (1915-1948) en “Manteca", y de “Rumba Colorá” (“Red
Rhumba”) de Armando Oréfiche (1911). Fue por ese acercamiento que la
música cubana y la norteamericana se influyeron mutuamente; luego se
produjo una fusión de la que nació el mambo. Cuando llegó a los
Estados Unidos su inventor, Dámaso Pérez Prado (1916), ya el mambo era
muy gustado. Este compositor logró superar ventas de discos de toda
otra música latinoamericana, y en 1955 la American Association of
Critics nombró su orquesta como la más solicitada del país. Su mambo
“Cereza rosa” (“Cherry Pink and Apple Blossom White”) llegó a
vender casi 2 millones de discos, y otros arreglos suyos hasta 5
millones, lo que era una cantidad record en aquel tiempo. Al mambo lo
siguió el cha-cha-chá, que también fue muy popular: el que compuso
Ortilio del Portal, “Me lo dijo Adela” (“Sweet and Gentle”) era
del repertorio obligado en las principales escuelas de baile.
Dice
una canción muy gustada por el exilio cubano que “El son se fue de
Cuba", y se refiere al gran número de artistas y compositores que
se vieron obligados a emigrar por la falta de libertad en su patria. Se
habrán ido de Cuba los ritmos cubanos, pero no se han ido de los
Estados Unidos: continúan, entre otras grandes fuguras, con la gran
Celia Cruz, en la salsa, una música de evidente
substrato afrocubano en la que confluyen diversas influencias
antillanas. Al igual que en otros campos en que lo cubano ha tenido,
durante todo este siglo, grata presencia, la música, la pintura y los
deportes siguen haciendo su obra en el corazón de los norteamericanos.
Los
cubanos de hoy
A
partir de 1959, y de manera semejante a lo que sucedió en el siglo
pasado, Cuba fue perdiendo una décima parte de su población. Antes de
1959 había sólo unos 35 mil cubanos viviendo en los Estados Unidos; en
la actualidad hay cerca de un millón, incluyendo los 120 mil que
huyeron en 1980 desde el puerto del Mariel: así se han convertido en el
mayor contingente de refugiados políticos en este país, y el tercer
grupo de los que hablan español.
Aunque
la mayoría de los exiliados cubanos están en el sur de la Florida y en
Puerto Rico, por la semejanza del clima con el de Cuba, muchos viven en
los Estados del noreste, particularmente en New York y en New Jersey.
Miami, una de las ciudades de crecimiento más rápido en los Estados
Unidos, se ha convertido en una ciudad bilingüe, por lo que le ha
facilitado a este país la comunicación con Latinoamérica en los
negocios y la cultura: otra vez, como antes, los cubanos se han
convertido en el puente más seguro y activo para el entendimiento de
las dos Américas.
El exilio cubano en los Estados Unidos en cierta forma
representa lo que era Cuba antes de 1959, un país que había logrado un
alto desarrollo social, económico y cultural. Es por ese motivo que su
presencia aquí es notable: cientos de miles de obreros enriquecen la
fuerza laboral, miles de comerciantes han tenido éxito en sus empresas,
y otros tantos profesionales son empleados de compañías privadas y del
gobierno; hay, además, miles de médicos en práctica privada y en
hospitales; y cantidad parecida de maestros en la enseñanza. Los
cubanos que viven en los Estados Unidos se encuentran en importantes
posiciones del gobierno, o en grupos políticos; trabajan como
ejecutivos y consejeros de empresas; están en las artes, los deportes,
en el radio, el cine y la televisión.
Pero también son el ciudadano promedio: miembros de la comunidad, grupos religiosos, el vecino, el vendedor, la
oficinista, el camarero. Y en lugares de mayor concentración tienen
escuelas, clubs de recreo, periódicos y organizaciones culturales y de
beneficencia.
El
decursar del tiempo favorece el estudio de las emigraciones porque
permite analizar cuánto cambian en contacto con la nueva circunstancia
y lo que ésta se modifica por la presencia del emigrado. Los cubanos
que vinieron a país después de 1959 han seguido, en muchos aspectos,
las huellas de sus antepasados, y han abierto, además, caminos
originales; pero aún se encuentran actuando sobre su nuevo escenario y
no es aquí el lugar para valorarlos. Además, podría parecer poco ecuánime
una opinión sobre el exilio actual cuando parte de quien a él
pertenece. Por eso, para enjuiciar a “los cubanos de hoy", mejor
que hablen algunas personalidades norteamericanas. En un discurso ante
los cubanos dijo el presidente Ronald Reagan:
Muchos
de ustedes llegaron con poco más que la camisa puesta y la voluntad de mejorar su vida. Vinieron dispuestos a
trabajar y con un vehemente amor a la libertad. Gente de distintos
niveles, razas y orígenes han dejado huella en casi todas las
actividades de la sociedad americana.... Es evidente que este país de
América, los Estados Unidos, ha sido bueno para ustedes, pero ustedes
asimismo le han hecho bien a América y a los Estados Unidos. Los
cubano-americanos juegan un papel especial en la defensa de nuestras
libertades. La herencia hispana les permite a ustedes expresarles mejor
a nuestros vecinos del sur la buena disposición que tenemos hacia
ellos.
En
otra oportunidad dijo el vicepresidente George Bush:
Los
cubano-americanos nos hacen recordar lo que significa la democracia y la
libertad. Sus triunfos y aportes a nuestra sociedad reafirman en todos
los norteamericanos la fe en su país y en el sistema democrático, y
constituyen una brillante muestra para
el resto del mundo de que las oportunidades, la libertad, la creatividad
y el éxito son los productos de la democracia.
Bob
Graham, el gobernador de la Florida, describió con estas palabras la
presencia de los cubanos en Miami:
La
llegada de los cubanos después de Castro le ha permitido a Miami, mi
ciudad de nacimiento, lograr lo que desde hace tiempo, sin ser una realidad,
se decía de ella: el ser verdaderamente una ciudad internacional. Los
cubanos trajeron un espíritu entusiasta, una pasión por la vida y un
nivel de progreso que ha beneficiado a toda la comunidad.
En
forma semejante Thomas Kean, el gobernador de New Jersey, donde, viven
muchos cubanos, ha dicho:
La
población cubana es una parte activa de la vida cultural y económica
de nuestro Estado. Los cubanos han realizado grandes y positivas
contribuciones a New Jersey, y han logrado un record notable como
triunfadores y como ciudadanos.
Y,
finalmente, según Ed Koch, el alcalde de la ciudad de Nueva York,
...la historia de la comunidad cubana en los
Estados Unidos es uno de los mejores anuncios de la libertad y de la
democracia americana. Obligados los cubanos a abandonar su patria, después
de la toma del poder por los comunistas, en 1959, llegaron aquí y
pronto supieron aprovecharse de las oportunidades que ofrece el país, y
durante el proceso de adaptación han alcanzado una extraordinaria
prosperidad que les ha ganado el reconocimiento de todos los
norteamericanos.
Con
juicios como éstos no resulta difícil prever el balance integral que
podrá hacerse en el futuro de los “Cubanos en los Estados
Unidos", sumando a los que vinieron a este país antes de 1959 los
que llegaron después. Como la mayoría de sus antecesores, los más
recientes dejaron su patria por buscar la libertad, porque, como dijo
Martí, “el hombre ama la libertad aunque no sepa que la ama, y anda
empujado de ella y huyendo de donde no la hay".
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