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UN
LIBRO DE POESÍA CUBANA
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Con el título Poesía
en Éxodo acaba de aparecer en Miami una antología preparada por
Ana Rosa Núñez. Este libro, publicado por Ediciones Universal, es una
curiosa colección en cuanto nos anuncia, desde el Prólogo, que la única
calidad que ha tenido en cuenta es la “del dolor por ausencia, por
incomprensión, por falta de raíz telúrica”. Advertidos del espíritu
selectivo de Poesía en Éxodo,
sólo a un pedante se le ocurriría emprender su lectura con lupa y
balanza para ver dónde cae mejor una idea o pesa de más un verso; sería
como revisar un álbum de familia sin notar la sonrisa en la foto de un
niño o la meditación de alguna cara triste en otra que recoge entre árboles
la caída del sol; o detenerse con imprudencia en el foco mal ajustado o
en el filtro que dejó pasar más rojo del que permite la buena fotografía.
Y no quiere decir esto que el libro incluya solamente a poetas débiles
o sin fama merecida: en este florilegio están presentes, y cito por
orden alfabético, José Antonio Acocha, Baeza Flores, Gastón Banquero,
Rolando Campíns, Mercedes Cortázar, Rafael Esténger, Mauricio Fernández,
Wilfredo Fernández, Raimundo Fernández Bonilla, Jorge García Gómez,
Rita Geada, Gustavo Godoy, Carlos Alberto Montaner, Ana Rosa Núñez,
Dolores Prida, Isel Rivero, Jack Rojas, Orlando Rosardi, José Sánchez
Boudy y otros que con iguales méritos disminuyen la sombra de unos
pocos de menos fortuna y experiencia. Y aquel grupo digno de gloria que
en tierra del crimen, bajo el seudónimo, alzan el estandarte de la poesía:
Adenaide Rull, Alejadro Almanza, Aquiles Dión, Hatuey del Monte y
Remigio Palma. Hay, es cierto, poesía que falta y poesía que sobra, el
orden del libro pudo ser distinto, la bibliografía más completa, y
tantas mejoras se han de imaginar como exija el gusto o el capricho de
cada lector. Pero, ¿no emplearía mejor toda exigencia crítica, y aun
la ira que en algunos despiertan tales pequeñeces, el que registrara
como policía esta obra sin pretensiones eruditas, en libros mediocres
aunque ungidos por la propaganda castrista, que no sólo ofenden las
reglas del juego literario, sino también nuestra dignidad de cubanos?
Quizás hay exceso de literatos y demasiada literatura en esta emigración
tan necesitada de caridad con el semejante como débil ante el enemigo
verdadero.
Un sólo pecado mayor tiene
la antología, y es el del haber incluido, contra los deseos de su
autor, unas líneas de quien escribe éstas, las cuales estaban
destinadas para el cajón de un escritorio cargado de nobles proyectos;
pero quizás logren disculpa entre tantos aciertos generosos.
Y en el medio, para la total
iluminación del libro, el Prólogo de Martí a Los poetas de la guerra: “De la tierra, y de lo más escondido y
hondo de ella, lo recogeremos todo, y lo pondremos donde se le conozca y
reverencie; porque es sagrado, sea cosa o persona, cuanto recuerda a un
país”. También habrá entre nosotros poesía de soldados, que no hay
ejército más valiente que aquél que marcha bajo la bandera del dolor.
Poesía
en Éxodo es un libro de versos, pero él, el milagro mismo de
la colección, es la mejor poesía: poesía como resultado de un
quehacer que plasma en la palabra un sentimiento, y mueve a todo el que
no cubre sus ojos con la soberbia hacia la divina locura de que habló
Platón.
Ya es buen principio ver
juntas tantas caras distintas, tanto poeta noble junto al aprendiz de
versificador, tanto príncipe al lado del plebeyo, que así, en antología,
todos juntos, se ha de salvar Cuba: la mano fuerte apoyando el paso
indeciso, la virtud sometiendo al error, el sabio y el justo cediendo el
derecho a quien le falta saber y justicia: los hermanos juntos, sin
medir otra altura que la del honor de la patria.
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